Febrero, San Valentín, corazones en el aire, cupidos volando por todas partes. Todo el mundo hablando de amor, de pareja, de conexión. Y muchas mujeres diciendo: “yo quiero una relación”.
Y hoy voy a decir algo incómodo, a título personal y ligado a lo que me apasiona: la imagen. Porque casamentera no soy, ni terapeuta de parejas, pero hay un tema que casi nadie quiere mirar: una cosa es la imagen con la que dices salir a “buscar el amor” y otra muy distinta es la imagen con la que sales realmente al mundo.
Y cuando esas dos no coinciden… el amor no se va. Se espanta. Sí, espanta. Y sí, probablemente tú ni te habías dado cuenta.
La imagen con la que sales a buscar amor aparece cuando dices: “hoy salgo a levantar, porque levanto”, y una vez más, blanqueada. Esa imagen vive en tu cabeza y en tu deseo. Quiere conexión real, complicidad, quiere ser vista, elegida, tocada emocionalmente, quiere sentirse deseada sin mendigar. Es sensible, abierta, disponible. No es débil. Es honesta.
Pero la imagen con la que sales realmente… a veces es la que espanta. Mijaaaa, ojo aquí. Aquí es donde se cae el teatro. Vuelves en ti, te das tu paloterapia mental con esa cabeza rumiando que da miedo… y yo no sé qué habrá pasado, si cazaste a alguien o no, pero ojo: nadie se siente atraído por energía ausente.
Sales diciendo que quieres amor, pero te vistes como si no te importara nada, caminas sin gracia —y no hablo de pasarela—, vas a la defensiva, miras al mundo como si estorbara, todo te sabe maluco, nada te sirve, y usas el “no me importa” como armadura. Y la peor actitud de todas, la de moda: la merecedora. Sí, todas somos merecedoras, pero esa sobradera lo único que hace es restarte atractivo. Y no, acá no es edad. No es cuerpo. Es desconexión, literal.
Y el amor, como las oportunidades, no se acerca a quien no parece, se siente ausente o en guerra. No espantas el amor por ser intensa, por ser exigente o por ser independiente. Lo espantas cuando lo que deseas no coincide con lo que proyectas. La imagen es lenguaje no verbal. Habla antes que tú, dice si estás disponible o escondida y engancha sin modular una sola palabra.
Coaching de imagen positiva no es vestirte para gustar. Es vestirte, pararte y aparecer en coherencia con lo que deseas vivir. Ahora sí, pregúntate: ¿Qué quieres merecer? Porque la autoridad sobre tu imagen y sobre ti misma la tienes tú.
Entonces, si dices que quieres amor… dime: ¿Qué clase de amor estás proyectando con tu actitud hoy?
Déjame tu opinión en los comentarios, porque estoy segura de que muchas van a decir “ouch, Pupi.
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