Porque cuando una persona decide ser quien es de verdad, sin actuar para encajar, pasa algo muy curioso: los demás empiezan a sentirse incómodos.
Observando a la gente
Hay algo que he aprendido observando a la gente durante años:
No es la belleza lo que más incomoda.
No es el éxito.
Ni siquiera es el talento.
De repente aparecen las opiniones.
Las correcciones.







